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En términos generales y de acuerdo con la doctrina de los Padres y Doctores de la Iglesia,
el proceso de crecimiento espiritual en santidad y unión con Dios en oración,
se desarrollan en conjunto.

Comenzando por la prácticas más simples y humanas,

la persona es trasformada, supernaturalizada,
en su vida exterior ante el hombre y en su vida interior ante Dios.

Este progreso se puede resumir como vaciarse del yo
y llenarse de Dios,
o dejar atrás el hombre viejo (Adán)
y tomar el hombre nuevo (Cristo)
o simplemente asemejarse a Cristo.

Ello implica esfuerzo por parte del cristiano,
pero mayormente la iniciativa
y la gracia de Dios
para elevar a la persona a lo alto de la santidad
a la que todos estamos llamados,
mas no todos logramos alcanzar.

Padre Pío es uno de los que siguió este llamado.

Crecimiento Espiritual.

Jesús dijo
" Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial"
(Mt 5:48),
sin embargo,
nosotros sabemos como lograrlo.

Padre Pío, siguiendo el ejemplo de santos, subió esta escalera mística que nos lleva a Dios.
La enseñanza divide el camino a la santidad en tres partes.
Estas son etapas generales,
hechas para la purificación de la naturaleza humana
que se aplican a todos en cierta forma mas no necesariamente de la misma manera.

Dios,
en Su Sabiduría aplica este patrono general según las necesidades de cada cual, dependiendo de su tipo de vida
(activa vs. contemplativa)
y de acuerdo con las debilidades ó fortalezas de la persona.

Sin embargo,
estas divisiones son útiles porque explican el crecimiento en santidad y
oración.

I. EL CAMINO DE LOS PRINCIPIANTES

La persona que se vuelve hacia Dios en fe,

entra en el camino de principiantes
han recibido la gracia santificante,
las virtudes teológicas de fe,
esperanza y caridad

las virtudes morales o sobrenaturales infundidas y los dones del Espíritu Santo.

Sin embargo,
estas personas son aun bebés en su caminar.
Dios les da leche mas no comidas sólidas,
ya que no pueden tolerar nada mas fuerte.

Están llamados a entregarse más y más
a la sabiduría que vive en ellos
para que puedan ser santificados completamente.
recibiendo gracia tras gracia,
Pero para recibir,
esta alma debe vaciarse de las ataduras del pecado,
del apego a las criaturas
y del apego a sí mismo.

Por esta razón el camino de los principiantes es también llamado el camino Purgativo.

El principiante en la vida espiritual
debe dedicarse a dejar los pecados mortales, los lapsos morales que no solo pueden terminar su progreso en la vida espiritual sino hasta lanzarlo al infierno,
si muriera en esa condición.

Una vida en pecado mortal es incompatible con la gracia de Dios.

El principiante debe sacar de raíz dicho pecado de su vida
ya que Dios no lo forzará a ser santo cuando el pecador mismo es el que pone obstáculosa la acción de la gracia.

Esto solo puede ser alcanzado por un esfuerzo personal persistente
para evitar el pecado
y arrepentirse inmediatamente de él cuando es cometido.

Cristo nos ha dado los medios sacramentales necesarios llenos de gracia
(la Reconciliación y la Eucaristía)
para obtener la victoria
y si se utilizan con frequencia
y de una manera correcta,
esta victoria podra ser obtenida.

Por tanto,
es de verse que dicha victoria es poco probable obtenerla en esta temprana etapa de la vida espiritual.
El esfuerzo de corregirse a sí mismo
debe ir acompañado por el esfuerzo de acercarse más a Dios.

Esto es alcanzado por medio de la oración. Conocer más a Dios nos lleva a amarlo más, este gran amor a Dios nos lleva a quererlo conocer cada vez más.
Por esta buena razón,
las Escrituras nos revelan que la intimidad con Dios es como la intimidad y el conocimiento en el matrimonio,

En el que amar y conocer se hacen uno.
A Dios se le conoce solo por fe,
de tal manera que la persona que desee crecer en caridad,
(amor por Dios y por los demás ya que amamos a Dios)
debe crecer en la virtud de la fe.

Esto se logra ejercitando la fe que ya tenemos,
es decir,
por medio de la cooperación con la gracia de fe que ya tenemos,
dejamos que esta misma crezca,
un crecimiento que solo Dios nos puede dar.

Esto se logra por medio de oración
y
meditación de las verdades que ya sabemos, por medio de la fe.
El llamado de las escrituras para lograr esto está el Salmo 1.1

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta,
más se complace en la ley de Yahveh,
su ley susurra día y noche!
Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua,
que dá a su tiempo el fruto,
y jamás se amustia su follaje;
todo lo que hace sale bien.

SALMO 198
La ley de Yahveh es perfecta,
consolación del alma,
el dictamen de Yahveh,
veraz,
sabiduría del sencillo.
Los preceptos de Yahveh son rectos
gozo del corazón;
claro el mandamiento de Yahveh,
luz de los ojos.
El temor de Yahveh es puro,
por siempre estable;
verdad los juicios de Yahveh,
justos todos ellos,
apetecibles más que el oro,
más que el oro más fino;
sus palabras más dulces que la miel,
mas que el jugo de panales.
Por eso tu servidor se empapa en ellos,
gran ganacia es guardarlos,
Pero ¿quién se dá cuenta de sus yerros?
De las faltas ocultas límpiame.
Guarda también a tu siervo del orgullo,
no tenga dominio sobre mí.
Entonces seré irreprochable,
de delito grave exento.
¡Sean gratas las palabras de mi boca,
y el susurro de mi corazón,
sin tregua ante ti,
Yahveh,roca mía,
mi redentor.
La prosperidad del hombre justo no es la prosperidad material sino la prosperidad en gracia,
en el conocer y amar al Señor.
Esto llega al hombre cuando éste sigue los caminos del Señor (extrayendo, de raíz, el pecado de su vida)
y meditando en la Ley del Señor noche y día.

La persona que medita considera lo que Dios le ha revelado para cambiar su vida.

Esto significa que meditar es más que un simple estudio.
Es la conversación en oración con Dios sobre Su Verdad y su significado y la aplicación de dicha Verdad en la vida de la persona.

¿Cómo me enseña a amar a Dios?,
¿Cómo me enseña a amar a mi prójimo?,
¿Qué cambios son requeridos en mi vida?.

La meditación nos lleva a un mayor conocimiento de la verdad revelada
y a un mayor conocimiento de Dios,
así como un esfuerzo práctico de amar y servir a Dios y al prójimo.
Mientras una persona practica fielmente la meditación,
Al igual que al conocer bien a una persona, el conocimiento de Dios y
Su verdad revelada se convierten en conocimiento intuitivo más que de la simple razón.
En el corazón humano el amor a Dios también se convierte en un amor simple y directo, sin complicarse con motivos poco importantes.
Este tipo de oración ha sido llamada contemplación adquirida (en cuanto al intelecto) o la oración de la sencilla unión (en cuanto a la voluntad).
Adquirida significa que está al alcance del esfuerzo humano
y no es en sí sobrenatural.

Si meditación es como mirar un bello atardecer y pensar en los bellos colores rojos, verdes, púrpuras,
las nubes, la tierra, analizándolo y apreciándolo desde varios ángulos
y distintas perspectivas;
la contemplación abarca todo como si fuera una sola cosa, experimentando el asombro y la grandeza inexpresable de ello.
En cuanto a la voluntad, la persona se encuentra amando a Dios con facilidad,
sin tener que hacer el mayor esfuerzo para entrar en este fervor.
Esta simplicidad gemela de lo intelectual y de la voluntad es el requisito inmediato para la oración sobrenatural,
a lo que se le llama contemplación infundida u oración mística,
que solo Dios puede dar.

EL CAMINO DE LOS EXPERTOS Ó EL CAMINO DE ILUMINACIÓN

Al final del camino purgativo,
la persona ha hecho todo lo posible, humanamente hablando,
asistido por la gracia de Dios,
para amar a Dios venciendo al pecado
y para conocer a Dios entendiendo
Su Verdad revelada.

Lo que se requiere para la continuación del crecimiento espiritual es la intervención de Dios en el alma
para sacar de raíz los rastros del pecado y para iluminar el alma sobre la verdad,
mas allá de lo que puede lograr la meditación.
En el momento en el que Dios escoge,
El comienza a infundir la gracia sobrenatural de la contemplación en el alma de la persona mientras esta ora.

De acuerdo a las experiencias de San Juan de la Cruz esta nueva luz no es comprendida al principio.
Aquel que antes podía meditar,
para obtener grandes frutos del tiempo asignado a la oración,
ahora se encuentra con la oscuridad,
con la sequedad,
con la confusión,
sin poder recibir ninguna consolación por medio de la oración.

San Juan de la Cruz nos dice que esto sucede porque la mente no está equipada para recibir esta luz.
Como el ojo humano mirando al sol,
al cual no esta normalmente adaptado a verlo,
en vez de ver mejor,
esa persona no puede ver nada.

A esto Dios le añade dificultades externas y sufrimientos,
que lo fuerzan a confiar más en el El.
Entonces, sin luz,
ésta persona debe tener fe,
sin apoyo,
debe tener esperanza y sin consuelo,
debe amar.

Esta Noche Oscura de los sentidos,
como la llama San Juan de la Cruz,
purifica el alma y la lleva por el camino de la santidad y oración mística.

Una vez que la Noche Oscura de los sentidos cesa,
la persona comienza a apreciar
y a entender las gracias de la contemplación que esta recibiendo,
ya que la Noche Oscura de los sentidos lo ha purificado y preparado para esta forma de oración sobrenatural.
Es durante esta iluminación que Dios le permite a la persona profundizar en la Verdad que ha recibido como un regalo y no como fruto de los estudios teológicos o de la meditación.
Revelaciones privadas,
locuciones,
entre otras comienzan a ocurrir.

Sin embargo estas no son necesarias para el camino de la iluminación,
que consiste esencialmente en el entendimiento mas profundo de los misterios de la fe,
dados como gracia de luz intelectual de Dios.
El alma es también impregnada de un gran celo de Dios,
deseosa de propagar el amor de Dios por medio del apostolado u otros medios.
A pesar de este gran avance espiritual,
San Juan de la Cruz advierte sobre el peligro
de la complacencia o especialmente la soberbia.

La Noche Oscura de los sentidos
ha sacado de raíz los rastros del pecado, pero el pecado puede seguirse manifestando en forma espiritual,
ya que por cada pecado capital hay una forma espiritual.
Por ejemplo,
aquel que a lo mejor no vuelve a caer en la avaricia material puede caer en la codicia espiritual.

Este pecado capital puede tomar la forma de curiosidad excesiva
por el conocimiento,
por nuevas iluminaciones,
no poniendo en práctica lo que han aprendido,
pero convirtiéndose en una especie de orgullo espiritual.

Como el diablo se puede aparecer en forma de ángel de luz,
San Juan de la Cruz
previene fuertemente a las almas de buscar gracias extraordinarias de ningún tipo.

Del mismo modo,
dado a los peligros de orgullo y autoengaño, la necesidad de dirección espiritual para alguien que ha comenzado a recibir gracias místicas es esencial.

EL CAMINO DE LA PERFECCIÓN Ó EL CAMINO DE LA UNIÓN

Para ser purificado de los últimos residuos del pecado,
ya que sus raíces están plantadas en lo más profundo del alma,
la persona a quien Dios llama al camino de la perfección,
debe pasar por otra Noche Oscura,
esta vez del espíritu.

San Juan de la Cruz nos dice que esta Noche Oscura del espíritu
es mucho más intensa que aquella de los sentidos,
ya que la necesidad de purificar los sentidos es mucho menor a la necesidad de purificar el espíritu.

Esto se puede comparar con la purificación del purgatorio,
pero acompañado de las confusiones materiales
como las enfermedades,
la persecución,
el abandono,
que Dios le envía al alma en esta etapa.

Al igual que la otra Noche Oscura,
el alma depende únicamente de Dios,
de la fe pura,
la esperanza y el amor.

Luego de salir de esta prueba,
el alma,
por medio del abandono
y la fidelidad total a la gracia de Dios,
se encuentra en una unión irreversible con Él.
Dios le da lo que se llama el matrimonio místico (anticipando el Matrimonio del Cordero con su Iglesia al final de los tiempos)
o la Unión Conforme.
La voluntad humana,
llena de la grandiosa experiencia de la bondad de Dios,
no es capaz de alejarse de Él.

Es capturada por la belleza de su Esposo.

Cualquier imperfección en su vida moral es sólo causada por la fragilidad indeliberada de la naturaleza humana,
en vez de por pecados veniales derivados de la voluntad.
El pecado mortal es imposible de cometer,
ya que la experiencia de Dios llena a la persona de gracias.
Como dice San Juan de la Cruz,
sólo el velo de la carne separa el alma de la Visión Beatificante.
A la hora de la muerte,
la entrada directa a la Presencia de Dios es segura,
ya que el alma ha pasado por el purgatorio aquí en la Tierra.

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